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jueves 2 de julio de 2009

Liturgia acción (trabajo) de la Santísima Trinidad (2da parte)

La Iglesia Católica nos enseña que hay siete Sacramentos. Entendiendo que sacramento es un signo sensible y palpable (5 sentidos) eficaz de la gracia (que confiere la Gracia Santificante) instituido por Cristo (bajo la administración de la Iglesia) para la salvación del hombre. En forma análoga podemos decir que hay dos sacramentos (signos) fundamentales. “Porque Dios amó tanto al mundo,16 que entregó a su Hijo único16 para que todo el que cree en él no muera,16 sino que tenga Vida eterna” (Juan 3, 16). Jesús es el principal sacramento (signo) de ese amor que Dios Padre le tiene al género humano. Cristo obediente a la voluntad del Padre funda la Iglesia como ese segundo fundamental sacramento [signo] para continuar su presencia y su trabajo (obra, acción) salvadora y redentora para este mundo. De estos dos sacramentos fundamentales, Cristo y la Iglesia provienen nuestros sietes sacramentos que son los más privilegiados y las más poderosas acciones en la liturgia de la Iglesia.

Como hemos podido apreciar, ser bautizado es poner a un lado la noción de que nuestra relación con Dios es exclusiva, individual o un asunto privado. La Iglesia hace su trabajo en su liturgia y sacramentos de forma tal que la acción salvadora de Cristo continua para que el mundo conozca: “La misión del Espíritu Santo en la Liturgia de la Iglesia es la de preparar la Asamblea para el encuentro con Cristo; recordar y manifestar a Cristo a la fe de la asamblea de creyentes; hacer presente y actualizar la obra salvífica de Cristo por su poder transformador y hacer fructificar el don de la comunión en la Iglesia” (CIC 1112).

La liturgia y los sacramentos son grandes tesoros de la Iglesia. Sin embargo estos (liturgia y sacramentos) son tesoros que permanecen escondidos. Más aun, hay muchos dentro de la Iglesia que no sacamos provecho de ellos.

Para recapitular, hay que tener en cuenta que ser bautizado implica vivir en comunidad. Mi bautismo no me debe llevar a un individualismo sino vivir mi compromiso de cristiano como parte integrar de esa asamblea (= iglesia) o comunidad que el mismo Cristo fundó. La liturgia debe tener como meta trabajar por nuestra redención. La liturgia hace algo en nosotros y por nosotros. Tanto la liturgia como los sacramentos son respuestas humanas pero no podemos olvidar que la liturgia es la acción de Cristo.

Tenemos la liturgia por la misma razón que tenemos la Iglesia; para llevar y continuar la acción (trabajo) de manifestar la gracia de Cristo muerto y resucitado. La liturgia y los sacramentos son en primer lugar y tiempo cuando cielo (= presencia de Dios) y tierra se juntan. La Iglesia hace cosas humanas en nombre de Jesucristo.

miércoles 1 de julio de 2009

Liturgia acción (trabajo) de la Santísima Trinidad (1ra parte)

En el artículo anterior (¿Qué es la liturgia?) mencionamos que la liturgia es trabajo (acción) y trabajo del pueblo de Dios. Explicamos también que la liturgia es poner en práctica lo que el pueblo de Dios cree. La liturgia es el trabajo porque demanda completa y activa participación por medio de la preparación, el compromiso y la acción. Ahora quiero enfocar lo que es la liturgia como trabajo o acción perfecta del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Sería difícil exagerar la idea de que la liturgia es la obra de la gente. Como ya se mencionó que la liturgia es la acción de todo el pueblo de Dios según ejercitamos y compartimos el sacerdocio de Cristo. Cuando mencionamos todo esto (que es muy cierto) no podemos descuidar el otro lado de la moneda. La liturgia es la acción del pueblo de Dios, pero antes de eso es la acción del mismo Dios.


Esta dualidad o entendimiento reciproco de la liturgia como Acción de Dios y acción del pueblo - como ofrecimiento divino y respuesta humana – será ese constante elemento de discusión de la liturgia de la Iglesia y sus sacramentos. Es una realidad, una forma en la que podemos describir la liturgia y los sacramentos es indicando que ellos tienen momentos especiales cuando lo divino y lo humano se unen, cuando lo invisible toma forma y permite ser visto, experimentado, entendido y respondido (nuestra oración y suplicas a Dios).

Liturgia como la acción de Dios Padre

Las líneas introductorias de la Carta a los Efesios, San Pablo comienza su alocución bendiciendo a Dios porque él nos escogió en Cristo antes de la creación del mundo para ser santos y libres de culpa (ver Ef. 1, 4). El griego original en esta carta es aun más significante porque especifica lo que Dios hiso por nosotros en Cristo; somos hijos de Dios porque nos adoptó. Como veremos en nuestra discusión de bautismo de infantes, el concepto de adopción de hecho es espléndido.

El Padre es fuente de la liturgia. La primera persona de la Trinidad es el Padre – el proveedor, el dador – de todas las bendiciones que recibimos. “En la Liturgia de la Iglesia, la bendición divina es plenamente revelada y comunicada: el Padre es reconocido y adorado como la fuente y el fin de todas las bendiciones de la Creación y de la Salvación; en su Verbo, encarnado, muerto y resucitado por nosotros, nos colma de sus bendiciones y por él derrama en nuestros corazones el Don que contiene todos los dones: el Espíritu Santo” (CIC 1082).

La liturgia es la fuente y la cumbre de toda la actividad de la Iglesia. El Padre no es solo la fuente sino la meta. Para la liturgia y los sacramentos son antes que nada, nuestra respuesta al amor de Dios y a su acción. Por medio de la liturgia celebramos las bendiciones que recibimos de parte de Dios. Por medio de la liturgia ofrecemos a Dios nuestra gratitud, alabanza y acción de gracias (= eucaristía) – y continuamos creciendo en la gracia de Dios. Nuevamente, visualizamos una doble dimensión, la acción reciproca, siempre presente en nuestras celebraciones litúrgicas; nuestro reconocimiento de lo que se nos ha dado y nuestra respuesta a esos dones.

¿Qué es la liturgia?

Para poder saber lo que es la liturgia debemos antes poder contestar tres preguntas fundamentales. ¿Por qué es importante para la Iglesia tener una liturgia? ¿Cuál es el propósito de la liturgia? ¿Quién está envuelto en la liturgia de la Iglesia? Estas tres preguntas son imprescindibles para poder comprender y vivir lo que en realidad debe ser la liturgia. Espero que según vayamos reflexionado lo que es la liturgia podamos ir contestando estas tres preguntas. No solo contestarlas sino que podamos corroborarlas de forma tal fluya naturalmente en nuestra reflexión y meditación sobre la liturgia.

Cuando el Papa Juan XXIII anunció su intención de convocar el Concilio Vaticano II en enero del 1959. En sus palabras expresaba que dicho concilio tenía que ser uno pastoral y que este concilio no tenía la intención de definir nuevas doctrinas (dogmas) o presentar nuevas enseñanzas. Expresaba que este concilio tenia o debía tener como propósito explicar cómo los católicos hemos de vivir nuestra fe en el mundo de hoy. La Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) Sobre la Sagrada Liturgia publicada el 4 de diciembre de 1963, fue el primer documento promulgado por el concilio. Este documento fue publicado para mostrar cuán importante es la liturgia en la vida pastoral de la Iglesia. El párrafo introductorio de este documento nos refleja esta convicción: “Este sacrosanto Concilio se propone acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia. Por eso cree que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia” (SC # 1).

Una vez leemos esta introducción en esta constitución de este concilio podemos encontrar una breve explicación de la importancia de la liturgia en la Iglesia: “En efecto, la Liturgia, por cuyo medio ‘se ejerce la obra de nuestra Redención’, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia” (SC cf. # 2). ¡Ciertamente la liturgia es de mayor importancia! Por medio de La liturgia logra el trabajo (obra) de nuestra redención en Cristo Jesús. La palabra liturgia proviene del griego leitourgía que significa obra (trabajo) del pueblo. Como es el caso de muchas palabras religiosas o teológicas que usamos hoy día, la palabra liturgia tenía un significado secular o político. Se refería al trabajo público como podría ser un proyecto de construcción. En la sociedad helénica el término liturgia se refería a las obras (acciones) que algún ciudadano hacía en auxilio del pueblo o al desempeño militar y político, etc. A la facultad de esas actividades se le llamaba aleitourgesía. Este significado secular de la palabra liturgia nos puede brindar luces en el uso (religioso y teológico) que le damos actualmente. Nuestra liturgia católica la debemos entender como “el trabajo publico que hacemos en beneficio de los demás.” No es solamente apropiado sino que nos puede ayudar a entender que debe significar para nosotros la liturgia y porque realizamos la liturgia. Vamos a tratar de explicar que es la liturgia es el trabajo de la gente.

Ordinariamente, no solemos pensar en la liturgia como trabajo. Desafortunadamente muchas veces para muchas personas la liturgia es todo menos trabajo. Piensan que la liturgia solamente es sentarse en el templo y escuchar la homilía. Algunos pueden pensar que se trata solamente de recibir el (algún) sacramento o recibir la bendición por parte del sacerdote. Pero visualizar la liturgia como trabajo… ummm! Según el diccionario de la real academia española “trabajo” es definido como “obra, resultado de la actividad humana ya sea física o mental” también lo define como “acción y efecto de trabajar o sea estar empleado para realizar alguna función.” Estas son definiciones seculares pero nos pueden sugerir algo importante acerca de la “santificación del trabajo” y la “santificación del empleado” que es fundamentalmente lo que debe ser la liturgia y lo que la liturgia demanda de nosotros (todo bautizado).

La liturgia es trabajo, es algo que hacemos. La liturgia es actividad, un ejercicio que requiere esfuerzo, no mera observación. ¿Qué es (cuál es) el trabajo en la liturgia? Celebramos la liturgia porque creemos en ciertas cosas o aspectos sobre Dios, la Iglesia y sobre nosotros mismos (los seres humanos). Celebramos la liturgia porque queremos que estas cosas que creemos sean conocidas. Cuando decimos que la Iglesia celebra la liturgia queremos decir que la Iglesia pone en práctica lo que ella profesa y cree. El trabajo de la liturgia es nuestra participación en el trabajo de Dios. Como nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) “La palabra ‘Liturgia’ significa originariamente ‘obra o quehacer público’, ‘servicio de parte de y en favor del pueblo’. En la tradición cristiana quiere significar que el Pueblo de Dios toma parte en ‘la obra de Dios’ (cf. Jn. 17,4). Por la liturgia, Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, continúa en su Iglesia, con ella y por ella, la obra de nuestra redención” (CIC # 1069). Nuestra liturgia es trabajo porque es nuestro ‘empleo’ y función o usando un vocabulario religioso, es nuestra vocación o llamado.

La liturgia es el trabajo de todos los creyentes. El Concilio Vaticano II claramente distingue el sacerdocio ministerial u ordenado del sacerdocio común de los fieles (ver Lumen Gentium [LG] # 10). Insiste que todos los católicos por virtud del bautismo participamos en cierto modo del sacerdocio de Cristo. Fundamental para la renovación de la liturgia iniciada por el concilio es la noción que la liturgia de la Iglesia es el trabajo de toda la Iglesia. El SC nos describe la liturgia como “el ejercicio del oficio sacerdotal del Cristo Jesús" (ver SC # 7). La liturgia no es propiedad o dominio del clero y el Concilio Vaticano II nos insiste que: “La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautismo, el pueblo cristiano, "linaje escogido sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido" (1 Pe., 2, 9; cf. 2, 4 – 5)” (SC Cf. # 14). La liturgia de puede ver como el trabajo del pueblo porque cada congregación comparte en Cristo sus propias oraciones al Padre (ver CIC # 1073). Adicionalmente la liturgia es al trabajo del pueblo de Dios cuando ellos comparten y ejercen el oficio sacerdotal del Cristo. La liturgia es el trabajo más importante – el empleo más importante – que los católicos podemos hacer. Nos dice el Constitución Sacrosanctum Concilium Sobre la Sagrada Liturgia que: “Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdotes y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia” (SC cf. # 7).

La celebración litúrgica ciertamente debe tener un principio y final como de igual forma es la vida. Recordemos que Cristo es el Alfa y el Omega (principio y final). El CIC nos recuerda que la liturgia debe estar precedida por la evangelización, la fe y la conversión. Estos deben producir frutos en la vida de fe, nueva vida en el Espíritu, participación en la misión de la Iglesia y servir para la unidad (ver CIC # 1072). La liturgia es labor (obra, trabajo etc.) porque demanda preparación, compromiso y acción. Para entender la verdadera naturaleza y propósito de la liturgia necesitamos darnos cuenta que nuestras vidas deben ser diferentes fuera de la iglesia porque lo que hacemos cuando estamos en la iglesia. Los Evangelios son claros: religión – crecer en santidad – no es simplemente acerca de la relación con Dios. Cuando le preguntaron a Jesús cual era el más grande de los mandamientos, el mencionó dos: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu… Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (ver Mateo 22, 36 – 39). Los cristianos no tenemos que escoger o hacer distinción en un amor o el otro. Debemos concentrarnos en practicar ambos. Porque es concerniente a la práctica de estos dos amores (Dios y el prójimo) que hemos de ser juzgados.

¿Qué es liturgia? La liturgia es el trabajo (acción) del pueblo de Dios. La liturgia es poner lo que el pueblo de Dios cree en práctica. La liturgia es el trabajo porque demanda completa y activa participación por medio de la preparación, el compromiso y la acción.

domingo 29 de marzo de 2009

La visión católica en las Sagradas Escrituras

Si examinamos la historia es preciso ver cuántos crímenes ha cometido el ser humano en a cuestas de la Dios y la religión sea cual sea. ¿Cree usted que un terrorista suicida lleno de explosivo en su pecho sea un mártir o un asesino? Sabía usted que en muchas ocasiones la Biblia es citada para justificar estos actos criminales. Un fanático religioso citaría Juan 15, 13 al quitarse la vida para poder lograr su cometido.

Claro está, este tipo de citación bíblica esta fuera de contexto. Ya que le quiere atribuir a Dios o insinuar que Dios le da ese mensaje en particular a estas personas. Es por eso que la Iglesia Católica nos enseña que tenemos que llevar un enfoque contextual cuando leemos las Sagradas Escrituras.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) número 110 nos explica esto; “Para descubrir la intención de los autores sagrados es preciso tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los "géneros literarios" usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo. "Pues la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios" (DV 12,2).” Los contextos que hay que considerar cuando leemos un texto bíblico son los géneros literarios, las condiciones (creencias, cultura, etc.) del tiempo y los procesos de revelación que tomaron parte en estos Sagrados Textos.


Como hemos mencionado antes, la Biblia no es un libro sino más bien una colección de libros o biblioteca. Por esta razón podemos encontrar distintos géneros literarios en ella. Muchas personas son resistentes a la idea de que la Biblia contiene distintas formas literarias. Muchas de estas formas literarias tienen la intención de ser entendidas por la gente común como era el caso de las parábolas en el Nuevo Testamento. Al leer un género literario debemos revisar nuestra mentalidad, nuestras expectaciones según vamos pasando de un género a otro.

Cualquier forma literaria es apropiada para la revelación divina. Escritos que responden a la pregunta; ¿Qué paso? Es ciertamente una posibilidad pero igual otros tipos de escritos: mito, leyendas, parábolas, alegorías, ficción, debate, escritos apocalípticos. Cada uno de estas formas de escritos son distintas y cada una puede ser fácilmente malentendida si se confunde con uno de los otros géneros. En orden de entender cada libro en la Biblia debemos entender sus formas literarias.

Usemos el siguiente ejemplo, un autor bíblico inspirado elige el debate para su escrito. Si usted fuera el autor del debate, usted es el autor del lado argumentativo en que usted está de acuerdo al igual del lado que argumenta con el cual usted está en desacuerdo. El autor de este particular debate vivió en un tiempo cuando la gente creía que todos los sufrimientos eran a causa del pecado, pero esta persona inspirada no cree tal cosa. El cree que una persona inocente puede sufrir y que este sufrimiento tiene un propósito en el plan providencial de salvación de Dios. Este autor también cree que atribuirle que el sufrimiento es un castigo de Dios es mal representar a Dios. Es presentar a Dios menos amoroso de lo que en realidad es.

En orden de retar las creencias de su tiempo el autor escribió este libro donde representa el sufrimiento en esta persona inocente: Job. El escritor figura a los amigos de Job tratando de buscar las razones por las cuales Job estaba sufriendo. Sus amigos a diferencia del lector no sabían que Job era inocente. Ellos debatían el asunto y llegaron a la conclusión que Job había pecado porque de lo contrario Job no estaría sufriendo. Aquí interviene Dios y es bajo lo que dice Dios (y lo que dicen los amigos) que el autor presenta la verdad de su enseñanza; que no todo sufrimiento es causa del pecado.


Un segundo contexto a considerar son las condiciones ya sea por las creencias, sociedad en ese determinado tiempo. En ocasiones en el transcurso de una enseñanza de una verdad universal un autor inspirado puede decir algo que por alguna razón de aplicación y elaboración no sea esencial a lo que se quiere enseñar y por tal motivo esta verdad puede ser difícil de entender a la audiencia contemporánea. Si generaciones posteriores descubren que esto que dijo el autor no es científicamente comprobable, pero en vez representa la presunción de la época. Esto no significa que autor no haya estado inspirado y mucho menos que ese pasaje no contenga revelación. No se reclama aquí que autor tenga conocimientos en materia no relacionada al tópico ni mucho menos que su generación lo tenía.


Cuando decimos que el autor fue inspirado, reclamamos que este escritor poseía un discernimiento espiritual; que lo que el hagiógrafo enseñó sobre Dios y nuestra relación con Dios es verdad. Un autor que vivió para él 450 a.C. que nos enseña que Dios creó todo lo existente, no pudo considerar que el planeta fuera redondo sino la creencia propia de su tiempo nos presenta a un Dios creando un mundo plano. Esto no significa como hemos mencionado que el autor no esté inspirado ni muchos menos que el pasaje no contenga revelación. Su propósito no era darnos lección de la forma de la tierra sino enseñarnos la relación entre Dios y todo lo creado por Dios.

El tercer contexto a considerar lo son los procesos de la revelación. Este es un proceso de unos 2,000 años de conocimiento que se nos ha sido revelado. Esta parte del contexto es muy importante considerarla especialmente para aquellos que fuimos educados religiosamente en el sistema del catecismo de preguntas y respuestas. Esta educación donde había que memorizar preguntas y respuestas sin que contradijeran una con las otras. Por lo regular, nunca se nos pregunto si estábamos de acuerdo con las repuestas. Aunque estas repuestas nos dieron una valiosa información y un vocabulario en el que podemos hablar de una realidad espiritual no nos ayuda a entender o probar los misterios de fe mas allá del entendimiento o nuestras habilidades. De igual forma, comprender aquellas respuestas que siguen “inadecuadas” a la verdad.

La Biblia por otro lado desvela misterios. La Biblia nos revela un proceso de dos mil años de gente reflexionando en sus experiencias y en el significado de esas experiencias en entretejido todo esto con la relación con Dios. Según el tiempo pasaba sus inspiraciones fueron creciendo. Las primeras infusiones no se han de entender como completamente incorrectas. Más bien, estas ideas que originalmente quizás fueron entendidas como toda la verdad fueron después entendidas como una fase parcial de esa inspiración. En otras palabras, todo se fue desarrollando paso a paso para completar el camino de ese entendimiento de la verdad sobre Dios.

Cuando leemos los pasajes bíblicos con las aptitudes modernas y no tomamos en cuenta este proceso de la revelación solemos cometer dos serios errores. Primero, el que determinemos que la Biblia se contradice a sí misma y ende no contiene revelación. Segundo, el querer atribuir a alguna de esas primeras inspiraciones (Antiguo Testamento) una revelación menos (menor) desarrollada de lo que en realidad contiene.
Un ejemplo podría ser el siguiente; en un debate televisivo están dos líderes religiosos (de distintas denominaciones) discutiendo sobre la moralidad de la pena de muerte. Ambos basan sus argumentos en la autoridad de las Escrituras. La persona que está a favor de la pena de muerte cita el libro del Éxodo (21, 23 – 24) “Pero si sucede una desgracia, tendrás que dar vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, contusión por contusión.” El segundo reclama que este pasaje tiene que ser descartado porque Jesús dijo en Mateo (5, 38 – 39); “Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.” Seguramente los que escuchen esta clase de debate estarán confundidos. Algunos concluirán y dirán; “si la Biblia se contradice a sí misma, en esta asunto no puede tener revelación alguna.” Otros pueden decir "el Nuevo Testamento contiene revelación y el Antiguo Testamento no." Algunos pueden opinar inclusive que como la Biblia no da una solución directa al asunto no tiene nada que ofrecer para resolver al asunto. Todas estas conclusiones están sin duda alguna erróneas.


Si entendemos que la Biblia refleja el proceso de la adquisición de conocimiento o sea un proceso (paulatino) de revelación podemos apreciar que esta expresión de “vida por vida” no era un error sino una inicial intuición o una verdad parcial. Este pasaje del Éxodo nos enseña a lo negativo de la revancha. Nos está diciendo que no podemos en coraje o rabia hacerle peor de lo que nos han hecho. Jesús no negó esta intuición de sus antepasados sino que construyó y elaboró sobre esa intuición. Este Dios amoroso quiere más que el que actuemos en una y otra venganza. Este Dios amoroso quiere que aprendamos a perdonar tal como Dios nos perdona. Es por eso que Jesús dijo; “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mateo 5, 17).


Espero que podamos entender que la Iglesia Católica nos enseña a considerar el contexto bíblico en orden a determinar su significado. Hemos mencionado tres contextos a considerar; los géneros literarios, las condiciones del tiempo y los procesos de revelación. Cuando conscientemente hacemos preguntas acerca del contexto como parte de nuestro proceso de entender las Escrituras actuamos como contextualistas. Lo contrario es actual como fundamentalistas.

Espero que estas consideraciones nos ayuden a poder entender y canalizar nuestra reflexión bíblica. Que el mismo Espíritu Santo nos ayude y nos guie llevar un corazón reflexivo teniendo en cuentas todas estas observaciones.

viernes 27 de marzo de 2009

¿Qué sabemos de la Biblia? (Quinta Parte)

Durante todo el trayecto de este artículo en el cual trato de explicar unos puntos fundamentales para poder entender lo que es la Biblia. Estos puntos ya explicados en las intervenciones anteriores son los eventos, tradición oral, tradición escrita, edición y la canonicidad. Todos están íntimamente ligados porque han marcado la ruta para determinar lo que es la Biblia tal como la tenemos en la actualidad. En esta última intervención de este articulo “¿Qué sabemos de la Biblia?” explicaremos los que es la inspiración y la revelación divina.

Es muy común escuchar decir que Dios es el autor de la Biblia. Claro está, que esto no significa que Dios haya tomado la pluma y escrito directamente sobre el papiro. Cuando se usa la palabra inspiración tampoco significa que le haya dictado letra por letra al hagiógrafo o autor humano. Por el contrario la inspiración se refiere a un contexto mucho más amplio como referirse solo al autor humano. La inspiración (ayuda que Dios en percibir y en entender) es reclamada que ocurre en cada uno de los procesos (los eventos, tradición oral, tradición escrita, edición y la canonicidad) que llevaron a su plenitud lo que es la Biblia.

En primer lugar, las generaciones originales que experimentaron los eventos viviendo su vida cotidiana pero con una presencia de Dios poderosa y presente. Mediantes estos eventos Dios se fue revelando así mismo a la comunidad. Luego, aquellos en la comunidad que estaban disponibles a interpretar los eventos religiosamente y pasaban estos a la tradición oral se consideraban inspirados. Los narradores de cada generación que nutrían la fe de sus contemporáneos por medio de la tradición oral eran inspirados. Aquellos que comenzaron a escribir las narraciones eran también inspirados. Aquellos que editaron las tradiciones (oral & escrita) heredadas también eran inspirados. En resumen, todos aquellos de cada generación quién encontró a sí mismo anhelo para oír de su Dios, y que encontró ese anhelo satisfecho en las narraciones inspiradas de sus antepasados y sus contemporáneos, fue inspirado. Estas son las personas quienes recibieron la Palabra y que fueron instrumento para que esta llegue a ser canoníca.

Últimamente puede que pensemos en nosotros mismos como inspirados. Es solamente bajo la efusión del Espíritu Santo y la guía de la Iglesia (Magisterio del Iglesia) que después de escrudiñar (estudio profundo) las Sagradas Escrituras que podemos entender la revelación que estas contienen.

Ahora bien, ¿Qué es la revelación? Es la forma en que Dios se le fue manifestando a pueblo de Israel por medio de los eventos (hechos). Para los cristianos Jesucristo es la culminación y eje central de toda la revelación. La Iglesia nos enseña que dos son las fuentes de la revelación divina; la Biblia y la tradición apostólica. Estas componen las Sagrada Escrituras en todo su contexto. Contrario a los que dicen y creen muchos protestantes que solo la Biblia contiene la revelación de Dios veamos lo que nos dice San Juan en su Evangelio; “Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre” (Juan 20, 30 – 31) Todas esas otras cosa que realizo Jesús y que no están escritas la Iglesia las ha mantenido viva desde los mismos apóstoles.

Espero que estas reflexiones nos ayuden a crecer en conocimientos y nos sirvan como instrumento en el conocimiento de nuestra fe. Cualquier duda o pregunta siéntanse en plena confianza de consultar a este su servidor en Cristo Jesús.

¿Qué sabemos de la Biblia? (Cuarta Parte)


Ya hemos hablado sobre como las Sagradas Escrituras se fueron desarrollando con el paso del tiempo por medio de la tradición oral y la tradición escrita. Además vimos como en base a estas dos se fue editando esta Palabra de Dios. Ahora nos toca contestar la siguiente pregunta ¿Cómo y porque los libros en la Biblia comenzaron a ser canónicos? Antes de contestarla sería muy conveniente aclarar términos no solo para crear un vocabulario sino para ir comprendiendo como se fue dando toda esta cuestión de la canonicidad bíblica.

Primero hay establecer bien claro que no todos los “escritos” o manuscritos frutos de la tradición oral y escrita están en el contenido de la Biblia como la tenemos hoy en día. Aquellos que fueron incluidos se les llaman canónicos y aquellos que no fueron incluido por alguna u otra razón se les llama apócrifos. La palabra canon significa regla (o ley). Por lo tanto, aquellos libros que fueron aceptados por generaciones de las creencias que la comunidad fue pasando fielmente sobre sus experiencias y doctrinas y que les nutrían espiritualmente fueron considerados como canónicos. En otras palabras, estos son los libros en que la fe y las creencias de la comunidad son medidas o valoradas.

El canon fue establecido no por orden en su jerarquía sino por el movimiento del Espíritu en toda la comunidad. Para explicar esto déjeme usar un ejemplo del Nuevo Testamento. Durante el segundo siglo de nuestra era cristiana otros evangelios circulaban además de los cuatro que témenos hoy. Estos evangelios no fueron condenados y quemados. Estos evangelios (ej. Evangelio de Tomas o el Evangelio de Judas) han estado siempre disponibles para leerlos. Sin embargo, la comunidad de creyentes ha preferido los cuatro evangelios (Mateo, Marcos, Lucas & Juan) en comparación a otros. Según los primeros cristianos fueron comparando notas acerca de lo que comenzaba a ser aceptado y creído en las demás comunidades los cuatro evangelios comenzaron a ser más y más discutidos y los demás cayeron en desuso. Para en final del siglo II todo el canon del Nuevo Testamento ya estaba establecido.


Aunque tanto el canon del Antiguo y Nuevo Testamento fueron establecidos por sus respetivas comunidad de creyentes ambos fueron pronunciadas “cerrados” por sus respectivas autoridades. El canon del Antiguo Testamento fue completado (sellado) en el Concilio de Jamnia por los líderes judíos en el primer siglo. Su decisión fue una reacción a la creciente literatura que ya se daba sobre Jesucristo. Muchos judíos que creían en Cristo estaban a favor de que los nuevos escritos sobre Jesús se incluyeran en el canon judío. Aquellos que no creían en El obviamente estaban en contra.

No todos los judíos en la época tenían el mismo canon. Después de la diáspora (emigración judía a otros países este fenómeno comenzó con el destierro de Babilonia pero seguía en tiempos de Jesús) y después de la helenización (influencia greco-latina [Grecia & Roma] que adquirían las demás naciones) de la cultura el Antiguo Testamento había sido traducido al griego. Esta traducción griega llamada Septuagésima (de los Setentas) en los siglos antecederos a Cristo algunos libros traducidos al griego no fueron incluidos a la versión original del Antiguo Testamento. Estos no fueron incluidos simplemente porque el canon hebreo fue cerrado en Concilio de Jamnia. Estos permanecieron en la Septuagésima que fue la versión que San Jerónimo usó para traducir la Biblia al latín conocida como la Biblia Vulgata. Esta traducción a latín de este monje y Padre de la Iglesia se ha mantenido a través de la historia de la Iglesia como el recurso oficial para las demás traducciones bíblicas católicas.

El canon del Nuevo Testamento fue declarado cerrado o completado en el Concilio de Trento (1545 – 1563). Esta acción fue una defensiva ya habían movimientos que querían eliminar algunos libros que habían sido aceptados a través de los siglos. El Concilio de Trento declaró autoritativamente que el canon se mantendría tal como siempre había estado.

En nuestra próxima intervención reflexionaremos sobre lo que es la inspiración divina y la revelación divina.

lunes 23 de marzo de 2009

La Oración como estilo de vida

A lo largo y ancho de los Evangelios es muy notable apreciar que los discípulos le hicieron un solo requerimiento a Jesús: “Señor, enséñanos a orar” (Juan 11, 1). La gran tragedia con los católicos hoy en día es que no somos considerados como personas espirituales. Aunque esta es una observación generalizada hay que hacer claro que no tendemos a tomar nuestra espiritualidad seriamente.

Hay siete pilares en la Espiritualidad Católica que han sido de gran ayuda para la Iglesia por más de 2000 años. Todas de una forma u otra están relacionadas con la oración.

Reconciliación es una de las metas fundamentales en la oración. Nuestra oración nos debe llevar a una constante conversión de nuestra vida. Podemos usar de ejemplo a Michael Jordán y Tiger Woods. Ambos han luchado incansablemente por llegar a ser los deportistas que son hoy en día. Aunque practican distintos deportes, ambos requieren de destrezas y disciplina para alcanzar el éxito logrado. Ambos deportistas supieron observar y detectar sus fortalezas y debilidades. Una vez realizaron esto, trabajaron arduamente para convertir sus debilidades en fortalezas. Este proceso de identificar los lados fuerte y débil y convertir lo débil en fuerte ha sido el centro de la Espiritualidad Católica.

Juan Bautista comenzó su predicación con este mensaje: “Arrepiéntanse porque el Reino de los Cielos ya se acerca” (Mateo 3, 2). Más adelante cuando Jesús comenzó su ministerio lo hiso con las mismas palabras (Mateo 5, 17). La oración nos hace volvernos a Dios. Frecuentemente nos alejamos de Dios. Ya sea por unos días, unas semanas, unos años más que menos dar la espalda a Dios es una acción interior en nosotros. Es muy posible el que le demos la espalda a Dios y estar yendo a Misa todos los domingos. La acción externa no la disposición interna. Nos alejamos de Dios porque no crecemos en las virtudes (hábitos o costumbres buenas). Cualquiera que sea nuestra distracción (en acercarnos a Dios) es importante que caigamos en cuenta que no podemos entrar a una jornada nueva (la de Cristo Jesús) a este nuevo recinto (la gracia de Dios) con las mismas actitudes en que estábamos. Esta jornada hacia la mejor versión de mi mismo debe estar fuera de los defectos de mi presente visión de mi mismo. Si tomamos nuestra fe en serio nos debemos preguntar a nosotros mismos; ¿si estamos dispuestos a dejar las huellas de Dios? La oración es una herramienta adecuada para contestar esta y muchas otras preguntas que nos podemos hacer.


La contemplación es algo muy común en el ser humano. La pregunta es, ¿Qué es lo que contemplamos? Serán las riquezas, la mujer que pasa por la calle, el poder, la fama. O será posible que podamos contemplar las maravillas de Dios, su admirable creación y los gozos en la vida espiritual. No es necesario entrar a un monasterio para vivir una vida de contemplación. Todos de una forma u otra somos contemplativos y lo que contemplemos jugara un papel significativo en nuestras vidas.
Las acciones de la vida están determinados los pensamientos más dominantes que haya en nosotros. Alguna vez nos hemos preguntado como los santos se enfocaron con intensidad en la práctica de las virtudes. Los santos se proponían alcanzar una simple meta, la salvación. Esta la seguían como un navegante sigue una estrella en medio de la noche. Las virtudes son hábitos o costumbres buenas pero no solo son externos sino internos. Uno de esos hábitos fue la forma en que contemplaron el Evangelio. En todo tiempo ellos contemplaban la vida y enseñanza de Jesucristo. San Pablo nos da este consejo; “todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos” (Filipenses 4, 8). No podemos hacer crecer peras en un árbol de manzana. Lo mismo sucede con nuestros pensamientos, ciertos pensamientos producen ciertas acciones.


Si nos preguntan que busquemos candidatos idóneos y aptos para ser profetas y líderes en medio de este mundo moderno, ¿Dónde miraríamos? Te preguntarías a ti mismo donde puedes encontrar algún pastor. La profesión más común en el Antiguo Testamento entre los profetas y líderes era la de pastor. Los pastores al estar en medio de ese “templo cósmico” de la creación todo el día tenían la oportunidad de ser parte de ese salón (o clase) del silencio. Tenían suficiente tiempo para pensar, reflexionar, ponderar y escuchar la voz de Dios en sus vidas y la vida de la comunidad. Nuestro mundo está lleno de ruido y a resultado de esto no podemos escuchar la voz de Dios en nuestras vidas. Te puedo hacer dos promesas; en el silencio encontraras a Dios y en el silencio te has de encontrar a ti mismo. Estos sin duda alguna serán los dos descubrimientos más grandes de tu vida.

Si deseamos patrocinar la vida de santidad simplemente debemos retornar a esa Gran Pregunta, ¿Señor, que piensas que debo hacer? De la misma forma podemos hacer preguntas similares o relativas cuando hay situaciones en la familia (esposos, hijos, amistades, etc.). Hay muchos que viven una vida en silenciosa desesperación. Si no preguntas a Dios esta Gran Pregunta no descubriremos nuestra misión. La vida es una vocación o llamado que nos hace el mismo Dios. Cada uno de nosotros somos creados con un propósito o razón. Cuando hablamos de vocación siempre pensamos en sacerdocio la vida religiosa y ciertamente son una vocación. Pero nos olvidamos que el matrimonio y la vida de soltería también es una vocación que Dios nos hace. Cada uno tiene una vocación que la puede discernir por medio de la oración y dirección espiritual.

La acción sin oración es el trayecto que muchas organizaciones humanitarias llevan. Lamentablemente es la senda en la que caen muchos grupos dentro de la Iglesia. Cuando solo nos preocupamos en las acciones y descuidamos la oración este activismo social reduce la Iglesia a un comité de asistencia social. La acción sin la oración es inútil e infecunda. Si le decimos a nuestros niños “pensar antes de actuar” pensar es a la realidad natural como lo es oración a la realidad sobrenatural.

¿Cuál es la geografía en nuestra oración? Cuando niño mis oraciones estaban enfocadas en mí mismo y en lo que quería. Oraba por el gol que quería anotar en el partido de futbol, por sacar buena calificación en el examen. Gradualmente la geografía se fue expandiendo en mi oración y ya no oraba solo por mí sino por mis seres queridos. En la universidad y al ir conociendo la realidad de la vida mi oración se torno más solidaria con las miserias, las angustias y todos los pesares del ser humano.


¿Qué no sabes orar? En realidad no importa, déjaselo en las manos de Dios. Invoca al Espíritu Santo que sea tu guía. Que el dirija tus labios, tu mente y tu corazón. Dile a Dios, “No sé como orar” y ya estas orando. Háblale a Dios de toda tu vida, de tus angustias, pesares, preocupaciones. Dale gracias por todos lo que recibes. Alábalo por su grandeza y adóralo en espíritu y verdad.

Catequesis de Adultos

Evangelización Cibernética, con la fuerza del Espíritu Santo. Bienvenidos sean todos...

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